La inspiración y el método detrás del Tour Al Sol de Carlos Vives
- Aurora LX Studio

- 7 jul
- 4 min de lectura
Actualizado: 8 jul
Así desarrollamos un ecosistema creativo que integra narrativa, iluminación, video, cámaras y tecnología para dar vida a la nueva gira de Carlos Vives.
En el diseño de shows en vivo existe una tendencia natural a comenzar por el escenario, el inventario de las luces o el tamaño de las pantallas. Para Tour Al Sol, la nueva gira de Carlos Vives, el proceso comenzó con una pregunta completamente distinta:
¿Cómo se vería el recorrido del sol si pudiera convertirse en un concierto?
A partir de esa idea, desarrollamos un sistema creativo donde cada elemento (escenografía, iluminación, video, cámaras, efectos especiales, programación y automatización) nació de un mismo concepto narrativo. El objetivo siempre fue claro: construir una experiencia donde cada decisión técnica tuviera un propósito emocional.
Crear la historia antes que un escenario
La primera decisión fue abandonar la estructura tradicional basada en canciones o niveles de energía y construir el show como un viaje dividido en cuatro actos:
Amanecer · Origen representa la raíz, el inicio y la conexión con la tierra.
Medio Día · Energía simboliza el momento de mayor vitalidad y movimiento.
Atardecer · Emoción transforma la fuerza del espectáculo en intimidad y memoria.
Finalmente, La Noche · Celebración convierte el escenario en un espacio de encuentro, donde la tecnología sustituye al sol como fuente principal de luz.
Esta estructura organiza el repertorio, define el comportamiento de la iluminación, el video, las cámaras, los efectos especiales y la evolución emocional del show de principio a fin.
El Color Bible como lenguaje del show

Con la narrativa definida, el siguiente paso fue construir el Color Bible, un documento que establece la identidad cromática del tour. Cada bloque posee una paleta propia inspirada en el comportamiento real de la luz solar.
Los ámbares, tierras y dorados acompañan el nacimiento del día; los amarillos cálidos y blancos impulsan el mediodía; los corales, magentas y vinos representan la transición hacia el atardecer; mientras que la noche introduce azules profundos, púrpuras y destellos dorados reservados para los momentos culminantes del espectáculo. Cada tonalidad debía comunicar una emoción.
Visuales que amplifican
En Tour Al Sol, las pantallas LED son una extensión de la narrativa. Todo el contenido visual fue desarrollado exclusivamente para la gira mediante un pipeline que combina Notch, Unreal Engine, TouchDesigner, composición digital, motion graphics 3D y procesamiento en tiempo real, bajo la dirección de Sergio Rodríguez (@sergioirodriguez) y elaborados y operados por Gonzalo Patalagua (@_ulteriorworld)

Cada visual fue diseñado para convivir con la iluminación y con el sistema de cámaras. En algunos momentos las pantallas se transforman en paisajes inspirados en la Sierra Nevada, el mar Caribe o los atardeceres colombianos; en otros, desaparecen para permitir que el IMAG sea el protagonista. También se desarrollaron bloques generativos, máscaras, overlays atmosféricos, LUTs cinematográficos y composiciones híbridas donde la imagen en vivo y el contenido digital se fusionan como una sola capa visual, así la tecnología no compite con el artista, amplifica la historia.
Pensar primero en la cámara
Uno de los principios del proyecto fue asumir que el concierto sería visto tanto por quienes están en la última fila del venue como por cientos de personas a través de una pantalla. Por esa razón se desarrolló un documento específico para CCTV donde en cada canción se definen movimientos de cámara, momentos instrumentales, transiciones entre IMAG y contenido gráfico, tratamientos de color y comportamientos específicos para Steadicams, Ronin y cámaras fijas, logrando integrar el circuito cerrado a los momentos claves del show y permitiendo una mayor visibilidad al público en general de Carlos y La Provincia.
Del concepto al escenario
Todo el proyecto se desarrolló en Vectorworks, donde se construyó la arquitectura escénica, los planos de producción, el rigging, la distribución de luminarias, las posiciones de video, las cámaras y el sistema de seguimiento. Ese modelo tridimensional se convirtió en la base sobre la que evolucionó todo el espectáculo.

A partir de ese diseño, el equipo trasladó el proyecto a Capture y Depence², donde fue posible previsualizar el comportamiento de la iluminación, el contenido visual, los efectos especiales, la cobertura de cámaras y las transiciones antes de comenzar los ensayos.
Este flujo permitió validar cientos de decisiones creativas meses antes del montaje físico, reduciendo tiempos de programación y optimizando el trabajo de todos los departamentos sin sacrificar la exploración artística.
Un rider diseñado para contar historias

El rider técnico fue concebido como una extensión del concepto creativo. El sistema integra luces de última generación, una configuración modular de video para arenas y festivales, seguimiento automatizado mediante Zactrack, control redundante con grandMA3, distribución de red basada en Luminex y una infraestructura preparada para integrar efectos especiales, láseres, llamas, CO₂, seguimiento y automatización dentro de un único ecosistema.
Con un rider completo, concreto y claro buscábamos definir cómo cada herramienta participaría en la construcción de la narrativa.
Una programación fluida y minuciosa.
Toda la producción se articula a través de un Run of Show que sincroniza iluminación, video, cámaras, playback, efectos especiales y automatización mediante SMPTE Timecode.
Cada canción posee objetivos dramáticos, referencias visuales, comportamiento de cámaras, transiciones y momentos de impacto cuidadosamente definidos. Paralelamente, el equipo desarrolló documentos de seguimiento del progreso creativo y análisis del impacto emocional para evaluar la evolución del espectáculo durante todo el proceso de diseño. El resultado es un show donde todos los elementos trabajan sobre una misma partitura.

Más que un concierto
Cuando la narrativa dirige la iluminación, el video, las cámaras, el contenido visual, la programación, la infraestructura técnica, la tecnología deja de llamar la atención sobre sí misma. Solo permanece la experiencia. Y quizá esa sea la mayor aspiración del diseño en vivo: que el público no recuerde qué consola controlaba las luces, qué software generó los visuales o cuántas pantallas había sobre el escenario.
Nuestro objetivo era que recordaran haber recorrido, junto a Carlos Vives, el mismo viaje que hace el sol cada día: nacer, alcanzar su máxima intensidad, transformarse y celebrar antes de volver a comenzar.

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